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Esta vez no erraré el tiro. —Pensó Susana acercándose hacia el joven que acababa de aparcar el Ferrari delante del concurrido Casino de Mónaco.
—¿Eres de aquí? —Le abordó insinuante.
—No, acabo de llegar. ¿Te puedo ayudar? —El sonriente joven la miró de los pies a la cabeza.
—Mi pareja se ha largado y no tengo con quien cenar.

La velada en el restaurante fue fantástica. El joven pidió para ambos los mejores platos y resultó ser un gran conversador. Mientras esperaban el postre él se disculpó para ir un momento al lavabo.
—¿Señorita, le traigo ya la cuenta? —Le pregunto el camarero.
—Espero a mi acompañante.
—El joven se marchó hace un rato, señorita.

©Xisco Bonilla 2010
*Publicado inicialmente en el blog “Pensamientos Fugaces” en Mayo de 2012